El lujo más caro del mundo es ser honorable

El abuelo se lo dijo a mi madre:
Honor.
No hay nada más importante.

En ese mundo de certezas, la incertidumbre,
el tocino aferrado a mi garganta,
los hongos y las 97 veces que él hizo el amor.

La lealtad no existe en náhuatl.
Una llamada a un tiempo legendario,
donde toco los bordes sangrientos
del agujero en mi plexo solar.

Soy el médico de mi honra.
El príncipe constante que siempre juega limpio,
incapaz de embalsamar al venado,
aunque mi dedo acaricie el gatillo.

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